Sobre la porcelana

La porcelana es una pasta cerámica que empezó a utilizarse en China, según algunas fuentes, en el siglo II d.C. Su fórmula ha sido un misterio durante mucho tiempo. La excepcionalidad de la porcelana residía en la técnica de elaboración. Cubría todas las necesidades de la vida diaria: impermeable, ligera a la vez que dura, resistente a la cal y a los ácidos, y capaz de contener alimentos y conservar medicamentos.

Resultaba cómoda y perfecta para el hogar. El único impedimento era el coste de importación. A partir del siglo XV, China hacía llegar a Occidente piezas por encargo a través de la ruta de la seda y limitaba la producción a su país. De hecho, ningún occidental podía navegar por el país asiático y los objetos salían de un único puerto tras pasar por las manos de decenas de hombres. El objetivo era garantizar que nadie conociese y revelase el secreto de su elaboración.

Muchos nobles y reyes de Occidente enviaron hombres a China durante siglos en busca de la misteriosa receta pero todos llegaban con las manos vacías o con teorías equivocadas. Marco Polo fue uno de ellos. Se llevaron a cabo varios intentos fallidos de encontrar una pasta de similares propiedades , como los distintos tipos de loza, pero ninguno se acercaba a las maravillas de la porcelana.  Habría que esperar hasta el siglo XVII a que el alquimista Friedrich Böttger obtuviese un compuesto similar y difundiese el proceso de elaboración de la porcelana en Europa.

La búsqueda del compuesto le costó a Böttger doce años de cautiverio en manos de Augusto II el Fuerte, de quien decían que padecía Porzellankrankheit, es decir, “la enfermedad de la porcelana”. El noble mantuvo preso y bajo altas medidas de seguridad (ventanas tapiadas, reducción de personal…) a Böttger para proteger la receta en caso de que diese con ella, y gastó sumas ingentes de dinero para encontrar el proceso exacto de elaboración. El alquimista quedó medio ciego, alcohólico y con depresión a causa del encarcelamiento.

La porcelana es un material muy poco plástico en su manufactura, comparado con otros como el barro el gres y la arcilla. Es muy rebelde y se  “resiente” con una facilidad pasmosa. Se diría que es una diva caprichosa a quien hay que tratar con mimo exquisito, sobretodo si se quiere trabajar con ella en el torno. Entonces hay que bailarle el agua literalmente. A cambio nos recompensa con su luminosidad , su delicadeza y su fuerza. Se cuece a altas temperaturas, tanto que pierde totalmente su porosidad, se funde y además, distinguiéndose de todas las demás pastas cerámicas ( arcillas, barros , greses, etc), cristaliza. La porcelana se convierte en cristal, y cuando la pared es lo suficientemente fina, se puede ver cómo trasluce.